Estados Unidos establece nuevas barreras contra el asilo: ¿qué significa la regla publicada este 16 de julio?

16 de julio de 2019  Hoy se publicó una nueva regla que restringe significamente las condiciones bajo las cuales se puede solicitar asilo en Estados Unidos. Este cambio adoptado por los Secretarios de Justicia y de Seguridad Interior agrega un requisito para quienes ingresen a Estados Unidos por vía terrestre por la frontera sur y hayan transitado por algún otro país: esas personas sólo podrán pedir asilo en Estados Unidos si pidieron asilo en otro país y les fue negado. Estados Unidos no podrá ser el primer país de asilo para quienes ingresen desde América Latina, excepto para los mexicanos.

Entendido al asilo como un beneficio discrecional y no como una obligación estatal para garantizar un derecho humano, la nueva regla pone el énfasis en que no se trata sólo de demostrar que la persona cumple con la definición de refugiado, establecida en la legislación sobre inmigración y nacionalidad, sino que el gobierno tiene también la potestad discrecional de decidir si otorgarle o no esa protección. En ejercicio de esa facultad, y ante el aumento de las solicitudes de asilo, el gobierno estadounidense establece que la persona que ingrese por la frontera terrestre sur del país no puede solicitar asilo en Estados Unidos, a menos que haya solicitado asilo y le haya sido negado en al menos un tercer país, en el tránsito hacia Estados Unidos. Las personas podrán, sin embargo, solicitar la suspensión de la deportación y suspensión o posposición de la deportación, bajo la Convención contra la Tortura.

La exigencia de haber solicitado asilo en otro país, y que le haya sido negado, para tener el derecho a solicitarlo en Estados Unidos termina siendo un requisito de agotamiento del asilo en un tercer país. La regla no se aplica para las víctimas de casos de formas graves de trata de personas y para quienes transiten solamente por Estados que no sean parte de la Convención y el Protocolo sobre Refugiados o la Convención contra la Tortura.

Las personas solicitantes de asilo tendrán que demostrar que solicitaron tal protección, y que esta les fue negada, como parte del procedimiento de asilo en Estados Unidos, desde la primera entrevista de temor fundado. Si las personas demuestran que tienen un temor fundado de persecución o de ser torturados, se les permitirá ingresar al procedimiento para la protección bajo la suspensión de la deportación y la protección bajo la Convención contra la Tortura. De lo contrario, quienes ingresen a Estados Unidos por la frontera sur y soliciten asilo, sin haberlo hecho antes en otro país en la ruta, no podrán ingresar al procedimiento y quedarán sujetos a procedimientos de deportación, excepto que sean mexicanos.

Esta nueva regla tiene en el práctica el mismo efecto que habrían tenido acuerdos de tercer país seguro, como los que estaban en negociación con México y Guatemala, pero es una medida unilateral, con consecuencias importantes en la región.

La nueva regla desconoce el derecho de asilo al imponer un requisito con grandes dificultades de cumplimiento, considerando la capacidad estatal y la lentitud en la resolución de las solicitudes de asilo o de reconocimiento de la condición de refugiado en México, Guatemala, El Salvador, y Costa Rica, entre otros.

La nueva regla debilita la institución de asilo al agregar el requisito de haber solicitado tal protección en países con condiciones de inseguridad, de los cuales huyen precisamente las personas que llegan a buscar protección en Estados Unidos. Esta regla somete a la inseguridad, a la posibilidad de nuevas formas de extorsión y de tráfico a los miles de personas extranjeras que transitan por el corredor Centroamérica – México – Estados Unidos buscando protección.

Estados Unidos le cierra la puerta a quienes provienen de América Latina o transitan por América Latina para pedir protección y quienes intentaban cumplir con el procedimiento para pedir asilo. Los motivos de los éxodos no desaparecen con el establecimiento de esta regla. La inseguridad en la ruta y en los medios de transporte aumentarán. México, Centroamérica, Panamá y Suramérica no están preparados para recibir a los solicitantes de asilo, no tienen las condiciones de seguridad y no tienen los recursos. Estados Unidos, que de haber tenido la voluntad política correcta, pudiera haber manejado estos flujos adecuadamente, resuelve exportar la crisis humanitaria a naciones más débiles. Los Estados latinoamericanos ahora enfrentan el desafío de fortalecer sus sistemas de asilo y proteger las miles de personas que se encontrarán acorraladas en el corredor México – Centroamérica huyendo de sus países de origen. Además, esta regla carece de sentido común en cuanto a que personas que huyen de sus países buscan protección humanitaria en lugares donde tienen alguna conexión familiar o social. Esto último explica en buena medida la razón por la cual personas de Haití, de Cuba y de países centroamericanos prefieren solicitar protección humanitaria en los Estados Unidos de América.

Para las comunidades centroamericanas que huyeron de sus países en grandes números desde finales de la década de los 70’s, esta última medida representa una reafirmación de la negativa sistemática por parte del gobierno de los Estados Unidos en cuanto a brindar protección humanitaria. Como es bien conocido, la tasa de rechazo a solicitudes de asilo presentadas por personas centroamericanas, especialmente de Guatemala y El Salvador, fueron negadas en más de 95% de los casos. Por lo tanto, la medida anunciada esta semana representa el último desarrollo de un claro patrón de discriminación en contra de inmigrantes centroamericanos y demás latinoamericanos y caribeños. 

En respuesta al anuncio de esta medida, organizaciones especializadas en litigio de impacto anunciaron la presentación inminente de nuevas demandas legales a través de las cuales se desafiara la legalidad de esta última medida de la Administración Trump. Sin perjuicio del éxito que puedan eventualmente tener, habrá mucho sufrimiento y pérdida de vidas humanas, que se hubieran podido evitar con una política respetuosa del derecho humano a pedir asilo. Estados Unidos puede y debe actuar de manera diferente.