Hagámos valer el esfuerzo de las y los trabajadores en EE. UU.: votemos el 3 de noviembre

El cambio social que necesitamos alcanzar para nuestras familias trabajadoras requiere de la máxima participación de todas nuestras comunidades en el proceso electoral el 3 de noviembre.

11 de septiembre de 2020 — Estados Unidos, el país donde se originó el 1 de Mayo como el Día Internacional del Trabajo, conmemoró el Día del Trabajo (Labor Day) el lunes 7 de septiembre. Este feriado encontró a los trabajadores estadounidenses en una condición mucho más precaria que en años pasados. Decenas de millones de personas han perdido sus empleos por la crisis económica como resultado del Covid-19. Sin embargo, antes de que llegara la pandemia, el pueblo trabajador de los Estados Unidos ya estaba viviendo el impacto de más de cuatro décadas de deterioro de sus condiciones de vida, que lo han llevado a trabajar cada vez más horas por semana, endeudándose de diversas formas por montos mayores y con más frecuencia, y siendo empujado en números crecientes a ganarse la vida como trabajadores independientes, afrontando las consecuencias y riesgos para su seguridad económica y social que está condición implica.

 

Este Día del Trabajo en los EE. UU. tiene lugar en un momento de profundización de la desigualdad económica, que sigue moviendo la riqueza de la mayoría de los hogares, hacia una pequeña oligarquía, que se hace cada vez más rica. Para los trabajadores Negros, latinoamericanos, y de otras minorías étnico-raciales, los impactos adversos son siempre más severos, y la crisis por el Covid-19 no ha sido la excepción. Ante estas condiciones, es difícil decir “Feliz Día del Trabajo”.

 

Este Día del Trabajo también tuvo lugar a menos de dos meses de una elección presidencial, en la que los temores e incertidumbre acerca del futuro que la mayoría de los hogares enfrentan son manipulados para que se piense que los causantes de la precariedad actual son las personas que se han volcado a protestar en contra de la supremacía blanca y la violencia policial. Además, durante los últimos años se ha buscado culpar a las personas extranjeras que viven y trabajan en los EE. UU., principalmente de México, de Centroamérica, y del Caribe, señalándoles erradamente de tomar los empleos de los trabajadores (blancos) estadounidenses, como también de ser criminales violentos.

 

La aspiración de un futuro mejor para la vasta mayoría de los trabajadores en los EE. UU. y en el resto del mundo requerirá de poder alcanzar un grado superior de organización de nuestras comunidades. Debemos lograr que los legisladores estatales y federales, sin distinción de partidos políticos, aprueben reformas a las leyes que hagan posible la distribución justa y equitativa de la riqueza que todas y todos generamos. 

 

El cambio social que necesitamos alcanzar también requiere la máxima participación de todas nuestras comunidades en el proceso electoral de este 3 de noviembre. Durante el tiempo que resta para las elecciones, tenemos la oportunidad de organizar y movilizar a nuestras comunidades para desafiar las desigualdades sociales que nos afectan. Actualmente hay cerca de 60 millones de latinos y latinoamericanos viviendo en el país, y este año los latinos harán historia como el grupo étnico y racial minoritario más grande elegible para votar, con 32 millones de personas proyectadas. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para educar a nuestras comunidades sobre el proceso electoral y las diferentes formas en que pueden votar. Aquellos elegibles para votar deben hacerlo como una forma no solo de hacer valer su propia voz, sino también de representar a aquellos que no pueden votar pero que hacen contribuciones significativas y han hecho de este país su hogar. Es a través de nuestras voces y votos que podemos seguir defendiendo y luchando por la justicia social, racial y económica para la clase trabajadora. 

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